Páginas disueltas por el viento estelar


Recordando cuentos antiguos

mariobp7

Como no tenía nombre ni tiempo, decidí entrar al magno edificio; una gran construcción de mármol blanco frente a mí… imponente, paciente.
Como no sabía nada, pues no había nada que saber, entré al primer salón. Millones de libros se apilaban en estanterías tan altas como torres interminables; pero no me intimidé… esos libros nada podían contener, pues nada había sido creado.
Un breve soplido en el piso; extraño… el viento aún no había sido creado, pero mis sentidos lo sintieron; tal vez una alucinación, o quizás un recuerdo de mi anterior existencia en el Cosmos Material. No importó… seguí caminado por aquellas grandes estanterías llenas de libros vacíos y páginas en blanco… sin destino, pero con rumbo fijo.
Pero el viento comenzó a hacerse cada vez más fuerte… de manera tenue, inexorable. No había duda, aquello no era imaginación o recuerdo, eran la realidad… o lo que más se…

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“Ideva: Liberación”: Ciberpunk a la chilena


Dentro de los subgéneros que componen la ciencia ficción, un lugar destacado y fascinante lo ocupa el ciberpunk el cual, en general, se caracteriza por presentar escenarios distópicos en donde coexisten altos estándares tecnológicos con bajos niveles de vida (rompiendo el paradigma clásico de la ciencia ficción de la edad de oro). El ciberpunk usualmente utiliza como herramienta tramas policiales, las que van girando en torno a crímenes sin resolver a lo largo del relato. Todo ello en un contexto opaco, decadente, marginal, en donde los protagonistas se alejan del canon de virtud del que hacían gala Asimov o Clarke (y que fue manifestado magistralmente por Joseph Campbell en “El héroe de las mil caras”).

El ciberpunk tiene variadas manifestaciones artísticas como movimiento contracultural, pues en este no se critica la tecnología en sí, sino que su aplicación por los humanos, descritos como seres corruptos y vulnerables. A nivel literario creo que la obra insigne de este movimiento es “Neuromante” (1984) del estadounidense William Gibson, y varias de las obras del maestro Phillip K. Dick, en especial “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” (1968), “Los tres estigmas de Palmer Eldritch” (1965) y “Fluyan mis lágrimas dijo el policía” (1974). En el ámbito cinematográfico destacan Blade Runner (1982), basada en la novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” antes referida, The Terminator (1984) y  The Matrix (1999). A nivel arquitectónico, el ciberpunk se hace presente en el movimiento art decó.

Vistas las características antes referidas, y otras más que, por los objetivos de estas breves líneas no he podido referir, la obra de Matías Garretón “Ideva: Liberación” (Puerto de Escape, 2016) calza perfectamente con la corriente ciberpunk. En efecto, en esta novela encontramos escenarios opacos, tramas cercanas a la novela negra y protagonistas que distan mucho de ser infalibles.

Desde un comienzo la novela parte con acción, la cual se hace presente a través de misteriosos asesinatos de bebés en cumplimiento de oscuros mandatos. El escenario que se nos presenta es un barrio marginal de un París futurista (Saint-Denis), que recuerda bastante a las descripciones dadas en “Neuromante” o “La torre de cristal” de Robert Silverberg.

La novela además se pasea por otros lugares, como el lejano oriente o Santiago de Chile, haciendo una verosímil proyección y presentándonos realidades más que plausibles en atención al curso actual de la humanidad, sus ambiciones y sus vicios. Todo ello mientras se nos muestran persecuciones de los protagonistas (Paul Dubois y Nika Tsareva) a un terrible, y a veces infalible, asesino (Emelianenko), en tanto se revelan sus trágicas historias y se logra comprender (e incluso empatizar) con sus caracteres y personalidades.

Pero no sólo se trata de una novela de aventuras. “Ideva: Liberación” es una obra de alerta: el autor quiere llamar nuestra atención sobre los peligros que implica la explotación indiscriminada de los recursos naturales del planeta, la ambición de unos pocos de mejorar su expectativa de vida a costa de los más desposeídos (con claros atisbos de biopunk), la complejidad exponencial de la inteligencia artificial, entre otros. Es decir, “Ideva: Liberación” no solo cumple con la consigna de novela negra con toda la red argumental que ello lleva consigo: persecuciones, intrigas y acción, sino que, además, satisface la característica contracultural que diferencia al ciberpunk de otras corrientes literarias, vale decir, su voz de alerta y crítica a la sociedad actual, efectuando proyecciones distópicas, pero no por ello menos verosímiles.

Asimismo, la novela nos presenta adelantos tecnológicos duros en especial desde el punto de vista del ciberespacio, propio de las temáticas del ciberpunk, pero que se extienden más allá. Por ejemplo, la identidad que acompaña a Dubois me recordó a la inteligencia artificial Jane en “Ender el Xenocida” de Orson Scott Card, y las problemáticas en torno a la medicina, a las presentadas en la saga de “Pórtico” de Frederik Polh (en especial en “Tras el incierto horizonte” y “El encuentro”).

Cabe destacar que esta novela no sólo destaca por su temática, sino que también por la forma en que está contada. Matías Garretón sabe lo que nos está contando, pues sus descripciones acuciosas y detalladas de los escenarios en donde se desenvuelve la historia no sólo convencen, sino que además, están dotados de un realismo tal que el lector sabe que no lo están engañando. Asimismo, el autor sabe relatar las escenas de acción con ritmo y sin perder el hilo argumental, lo cual es un mérito aparte, pues creo que las descripciones de enfrentamientos realistas es una de las tareas más complejas para un escritor.

En definitiva, “Ideva: Liberación” es una obra más que destacable, tanto en técnica narrativa, profundidad argumental, innovación temática y complejidad de personajes. Por ello, debiese ser desde ya considerada una de las novelas más frescas y reveladoras de los últimos tiempos y lectura obligada para todo aquel que le interese la ciencia ficción chilena contemporánea.

La reivindicación de un maestro: el resurgimiento de Hugo Correa


(Ensayo escrito en Noviembre de 2015 para el cuarto número de la revista digital “Fantástica Review)

Curepto es una pequeña localidad cercana a Talca perdida entre los cerros de la cordillera de la costa de la región del Maule. Lamentablemente se ha hecho célebre por la vergonzosa inauguración del “hospital fantasma” hace algunos años. Sin embargo, en ese perdido pueblo, en el año 1926, nació uno de los más talentosos autores nacionales: Hugo Correa Márquez.
Su nombre tal vez para la mayoría resulte tan desconocido como el pueblo en el que nació, y no sería de extrañar que ni en su propia localidad natal conocieran de su persona y de su legado. Por eso −en estas breves líneas− quisiera referirme a tan ilustre escritor, que ha sido lectura obligada de unos pocos y un personaje desconocido para muchos; parece ser que, lamentablemente, ese es el pago de Chile a muchos de sus artistas.
Hugo Correa fue uno de los más destacados escritores de ciencia ficción que ha nacido en nuestras tierras: ello se demuestra en que incluso el mismísimo Ray Bradbury lo reconociera a nivel internacional, permitiendo que sus obras fuesen traducidas a varios idiomas; Isaac Asimov también lo alabó en más de alguna oportunidad. Dentro de América muchos compararon su obra con la de Borges o Cortázar. Es decir, Hugo Correa fue –y es− uno de nuestros mayores exponentes literarios.
Con una trayectoria reconocida internacionalmente resulta más que desilusionante que en su propio país pase inadvertido. Y es que Hugo Correa no sólo puede ser considerado como un gran autor de ciencia ficción, sino que, primeramente, como un gran escritor. Su prosa es fluida, elegante e inteligente, por lo que su lectura no solo puede ser disfrutada por un apasionado a la ciencia ficción, sino que por todo apasionado por la buena literatura en general.

De profesión periodista, fue columnista en los diarios “El Mercurio” y “La Tercera”, y de la revista “Ercilla”, aunque su gran legado fue en el mundo de las letras fantásticas. Desgraciadamente, tampoco desde el mundo cultural chileno hubo reconocimiento alguno, a pesar de ser el único latinoamericano citado en la Enciclopedia Mundial de la Ciencia Ficción.
Sus obras en general tratan el contacto con otras especies desde un punto de vista lógico e inteligente, pero sin adentrarse en los terrenos de la ciencia ficción más hard. En general, su estilo recuerda a grandes de la literatura mundial como Asimov, Clarke o Niven, e incluso en muchas oportunidades sus temáticas o puntos de vistas fueron pioneros para otras obras internacionales ahora reconocidas a nivel mundial.

A pesar de haber muerto en Santiago el año 2008 sin nunca haber sido difundido como se merecía dentro de su país, hoy existen dos obras publicadas que nos pueden ofrecer la oportunidad de conocer a este gran autor. Ello es más que positivo, pues muchas de sus obras se han perdido a lo largo de los años y sus ejemplares sólo pueden ser encontrados –si es que aún hay− por acérrimos fanáticos del género.
Sin embargo, ese panorama puede cambiar. Su obra más conocida“Los Altísimos” (1959) y otra póstuma “El valle de Luzbel” (2015), al ser reeditadas el presente año, hacen que Hugo Correa pueda salir a luz de su injusto anonimato.
“Los Altísimos” fue la primera novela, publicada de Hugo Correa en 1951 y ampliada en 1959. Actualmente es considerada una de las obras fundamentales de la literatura fantástica chilena y sus pretensiones pueden ser holgadamente comparables con los escenarios imaginados por Isaac Asimov en “Fundación” o en “Bóvedas de Acero”, o por Larry Niven en “Mundo Anillo” (y sus secuelas). “Los Altísimos” nos presenta una distopía en donde un chileno cualquiera –Hernán Varela− despierta en un lugar desconocido que resulta estar en un mundo oscuro y deprimente donde sus habitantes son meros títeres de los caprichos de una raza superior y desconocida. Dentro de sus grandes méritos está la capacidad de construir un planeta “Cronn”(en donde se desarrolla la historia) con una complejidad y verosimilitud tan sorprendente que es difícil abstraerse de esa realidad; las descripciones de esta sociedad que vive en la parte interior del planeta, con sus transportes magnéticos, sus superficies cóncavas y sus “anillos” interiores hacen recordar el estilo técnico de “Cita con Rama” de Arthur C. Clarke. La primera vez que leí Los Altísimos quedé más que impresionado y pensando, “es increíble que esto lo haya escrito un chileno y casi nadie lo conozca”; es de lo mejor que he leído y, como dije, comparable con las obras de los grandes maestros de la ciencia ficción.
La otra obra de Hugo Correa que ha sido publicada el año 2015 es “El valle de Luzbel”, una obra inédita que fue publicada póstumamente. En esta se nos presenta a un hombre solo y jubilado –Carlos Sánchez− que a través de varias intrigas termina participando en un gran misterio que involucra seres de otros mundos. Ambientada en Santiago, su lectura en principio se torna extraña por cuanto el maestro Correa combina narradores omniscientes, protagonistas y testigos durante todo el texto; sin embargo, pronto el lector descubre la lógica de la técnica literaria utilizada y se deja llevar por la atrapante trama.
Espero que con el tiempo se vayan reeditando y publicando otras obras perdidas de Hugo Correa como “El que merodea la lluvia” (1962), “Alguien mora en el viento” (1966), “Los títeres” (1969), “Los ojos del diablo”(1972), “Donde acecha la serpiente” (1988), “La corriente sumergida” (1993), entre otras, para que podamos seguir accediendo a la literatura de este magno autor.
Ciertamente la ciencia ficción nació en el hemisferio norte y es siempre necesario leer a los grandes maestros foráneos, pero en Chile tenemos a otros tan o más grandes que ellos, por lo que también es necesario leerlos y darles el sitial que les corresponde. Hugo Correa es fiel prueba de ello.

Entre ciencia ficción y fantasía: Réquiem para Tahínus


La discusión literaria respecto a la distinción entre la fantasía y la ciencia ficción es de larga data y al parecer no se vislumbran aún conclusiones terminantes que den una solución clara, general y objetiva a la misma. Ello porque si bien ambas variantes tienen elementos y características propias, no es menos cierto que de vez en cuanto aparecen obras que toman tópicos de ambos subgéneros literarios haciendo que la discusión se mantenga en vigencia.

Una de esas obras que aparecen insertas en medio de la fantasía y la ciencia ficción es la novela «Réquiem para Tahínus» de Fabián Cortez publicada por la Editorial Puerto de Escape (2015). Es una novela corta que en principio pareciera encuadrarse de lleno en el género fantástico por cuanto nos presenta personajes, razas y mundos absolutamente alejados de los contextos y ambientaciones tradicionalmente aceptadas como «verosímiles».

En efecto, esta novela nos sitúa en el mundo de Tahínus en donde los humanos coexisten con seres superiores que representan al aire, al agua y a la tierra; aerontes, aquarontes y terracontes respectivamente. En comparación a estos seres, los humanos parecen entes  minúsculos y muy desplazados de los centros del poder. Hasta aquí, pareciese ser una obra de fantasía pura.

Sin embargo, a medida que nos adentramos en el relato vemos que en esta obra coexisten con la fantasía elementos de la ciencia ficción más clásica. Es que parece ser que Tahínus es un mundo que agoniza por los errores de sus propios habitantes. Y aquí entran las temáticas más propias de la ciencia ficción: la especulación de hasta dónde nos podrían llevar nuestras ambiciones, los crímenes que se pueden cometer bajo los influjos de la codicia, y las secuelas que un sesgado egoísmo puede producir. Temáticas profundas, muy bien tratadas y con ideas claras bien estructuradas.

***

Una de las mayores virtudes de esta obra es que a lo largo de sus páginas se respira un aire de nostalgia. A través de sus aventuras, los protagonistas miran con escepticismo su catastrófico futuro pensando que están inmersos en una inevitable tragedia, de la cual ellos y sus antecesores son los únicos culpables; se ven a sí mismos sólo como instrumentos para cumplir una inevitable sentencia. Por ello, toda referencia que se hace hacia el pasado es realizada con respeto y admiración: es el mundo del ayer el brillante, avanzado, bello y sabio. Por ello, la novela siempre trata de resolver el porqué todo el esplendor del ayer se ha esfumado hasta degenerar en la catástrofe y la tragedia.

De esta forma, esta es una obra peculiar. A diferencia de otras obras de ficción más bien «tradicionales» que nos hacen una visión prospectiva en donde el futuro es brillante y avanzado, lleno de paradigmas estelares o dilemas científicos que en la actualidad no podemos ni siquiera pensar en experimentar con nuestra limitada tecnología, «Réquiem para Tahínus» es un libro retrospectivo, en donde se plantea lo contrario: el esplendor está en el pasado y la decadencia en el presente. En efecto, mientras leía esta obra de Fabián Cortez se me vino a la mente la novela de Robert Silverberg «Alas Nocturnas» pues al igual que esta, «Réquiem para Tahínus» nos muestra un pasado añorado en un triste presente.

Técnicamente es una novela muy bien escrita y en donde el autor sabe colocar las palabras precisas en el momento adecuado; no por nada Fabián Cortez es uno de los discípulos del maestro Diego Muñoz Valenzuela, uno de los más connotados escritores nacionales contemporáneos. Además de estar bien escrita, es una novela fluida pues entretiene y se lee bastante rápido, pero sin perder profundidad en su planteamiento ni en las ideas expuestas.

Para finalizar  −como señalé al principio de estas breves líneas−, mi única dificultad al analizar este libro es que no sé si encuadrarlo como fantasía o como ciencia ficción –blanda, de estilo Bradbury−, pero tal vez ella sea también su mayor virtud: ser una obra rupturista con los cánones establecidos. En fin, un muy buen libro y que de seguro dejará más de algún buen recuerdo entre sus lectores.

Mis mejores lecturas 2014/2015


El año 2014 no actualicé una entrada con los mejores libros que había leído  durante dicho año, por lo que ahora aprovecho de actualizarla con mis recomendaciones de este año 2015; varias personas me han pedido esta lista, pero esta es sólo una opinión personal.

16- A vuestros cuerpos dispersos (Phillip José Farmer): Esta es la primera entrega de la saga de ciencia ficción del Mundo del Río, ganadora del premio Hugo (1972). Esta obra parte de la premisa de que todos los humanos fallecidos de todas las épocas y lugares renacen a las orillas de un río infinito en un lugar desconocido, debiendo descubrir quiénes los han revivido y con qué fin. En general, los personajes son figuras históricas relativamente conocidas, como por ejemplo, Hermann Goering, los cuales se ven inmersos en una serie de aventuras guiados por un misterioso personaje, El Ético Renegado, quien tiene oscuras intenciones. Lamentablemente, su secuela “El Fabuloso Barco Fluvial” no está a la altura de esta obra.

15- Tras el incierto horizonte (Frederik Pohl): Esta es la segunda novela de la serie de ciencia ficción Pórtico. Si bien no fue galardonada como el libro homónimo que le precede, no por eso deja de ser un libro interesante. Es una novela que está bien armada, bien contada y con una trama que respeta los lineamientos de la serie en general. No es una obra con grandes pretensiones, pero cumple con lo esperado: entretiene.

14- Paraíso Perdido ( John Milton): El clásico poema inglés que relata la caída de Lucifer y la tentación del hombre que desencadenaría el pecado original, no sólo está bien escrito sino que ayuda a entender la cosmovisión del mundo que se tenía en la época en que vio la luz.

13- Desgraciadamente Philip K. Dick ha muerto (Michael Bishop): Ucronía en donde Richard Nixon sigue siendo presidente de los Estados Unidos tras cuatro mandatos consecutivos y las novelas de Phillip K. Dick han sido prohibidas. Tiene el mérito de emular convincentemente el típico estilo de la literatura dickeana.

12- La Torre de Cristal (Robert Silverberg): Esta novela trata sobre la construcción de una gran torre para comunicarse con otras especies. El problema es que para ello son utilizados humanos sintéticos, androides, que prontamente comenzarán a pelear por sus derechos y la igualdad plena en la sociedad; plasma interesantes dilemas políticos, sociales y morales en donde la ciencia ficción solo sirve de pretexto.

11- Tiempo Desarticulado (Philip K. Dick):  Novela en donde un hombre “común” se da cuenta de que todo el mundo que ha sido construido a su alrededor es falso y construido por el gobierno para mantenerlo bajo control, satisfaciendo los propósitos de otros.

10- Cementerio de Animales (Stephen King):  Novela de terror en donde un médico tras perder a su hijo en un trágico accidente, lo entierra en un siniestro cementerio, con la esperanza de que vuelva a la vida; pronto se arrepentirá de su decisión.

9- Lotería Solar (Philip K. Dick): Primera novela de Dick. Trata de un gobierno y de una sociedad que se basa en la Teoría de los Juegos para elegir a los dirigentes y de las intrigas que de que ello se derivan.

8- Un anillo alrededor del Sol (Clifford D. Simak): Un día cualquiera una misteriosa empresa comienza a promocionar productos “Eternos”; no se pueden destruir y no se desgastan con el transcurso del tiempo. Ese es el primer síntoma de que existen otros mundos simultáneos a este, y aquellos que pueden acceder a él son perseguidos por la temerosa población general que los ven como amenaza.

7- Cronopaisaje (Gregory Benford): Novela de fama internacional (Ganadora de los premios Nébula (1980), John W. Campbell Memorial (1981) y BSFA (1980)) que trata paralelamente dos historias: la del presente y la de un futuro cercano. El futuro está amenazado por un desastre ecológico por lo que los habitantes de esa época se tratan de comunicar con los de su “pasado” para advertirles del peligro y buscar pistas sobre su propio futuro. Es ciencia ficción dura y trata inteligentemente la paradoja de los viajes en el tiempo, hasta que al final la división entre el presente y el futuro se vuelve invisible.

6- La Trasmigración de Timoty Archer (Philip K. Dick): Una de las últimas obras de Dick, en donde nos relata como Timoty Archer se sumerge cada vez más en la perdición tratando de desentrañar los misterios de las bases de la cristiandad. Es además la única obra de Dick que está relatada en primera persona por un personaje femenino.

5- Una Guerra Interminable (Joe Haldeman): Obra ganadora del premio Nébula (1975) y del premio Hugo (1976). Cuenta la historia de una guerra interplanetaria que para los humanos está lejos de terminar, y pasan los años sin que haya una luz de esperanza. Manifiesta una muy fuerte crítica al Militarismo (todo lo contrario a “Tropas del Espacio” de Heinlein) y plantea tópicos interesantes: adoctrinar a los soldados mediante máquinas (como en The Matrix) o la estimulación química de los soldados para que no sientan miedo, pero sí deseos incontrolables de matar, pasando a ser meros instrumentos de la milicia.

4- Una Mirada en la Oscuridad (Philip K. Dick): Obra que se sumerge en el mundo de las drogas, con sus miserias y sus desgracias. Los protagonistas caen en un mundo de psicosis y de locura del que es imposible escapar, mientras sus mentes se confunden y destruyen a lo largo de las páginas.

3- Contrapunto (Aldous Huxley): Antes de publicar “Un Mundo Feliz”, Huxley escribió esta gran novela que se caracteriza por tener varios cambios de esquemas entre sus personajes (de ahí su nombre) en un contexto de la alta sociedad inglesa de la primera parte del siglo XX. A pesar de no tener mucha acción y carecer de una historia general clara que dé un hilo conductor central, el libro nunca se vuelve tedioso; lo importante son los personajes, no las historias.

2- Los Altísimos (Hugo Correa): Esta novela la leí hace muchos años, pero este 2015 la volví a releer y la disfruté mucho más. Es una distopía en donde un humano se sumerge en una sociedad extraña en donde viven subyugados por seres superiores que pueden destruirlos a voluntad. Es ciencia ficción dura y seria, de un chileno, y que no tiene nada que envidiarle a Asimov o a Clarke.

1- Los tres estigmas de Palmer Eldritch (Philip K. Dick): Palmer Eldritch había salido del sistema solar, pero parece que ha regresado. Sin embargo, al parecer trae una sustancia alucinógena tan poderosa que dejará obsoletas a las drogas que son el monopolio en los sistemas humanos. Obviamente la gran industria de este monopolio querrá que esta nueva droga no ingrese a su mercado, por lo que le darán dura pelea. Sin embargo, en esa lucha el protagonista se enfrentará cara a cara con esta nueva droga y su poder irresistible, que hace que la realidad siga todo lo que Eldritch quiere, convirtiéndose en un Dios, sin poder discernir el protagonista hasta dónde llega el sueño y dónde empieza la realidad.

Esas son mis recomendaciones. Espero sean de su agrado e interés, ¡no se arrepentirán!

 

 

 

 

 

Los vástagos de la mente – PdE


Crítica a mi libro!!! Muchas gracias por el apoyo y difusión!!!

Leyendo por la vida

Una nueva reseña nace a partir de la lectura del trabajo llamado “Los Vástagos de la Mente”, libro escrito por Mario Bustos Ponce, del cual les quiero contar un poco a continuación; joven nacido en Santiago de Chile, en 1986, egresado de la carrera de Derecho desde una prestigiosa universidad de la capital, el cuál menciona tener un gusto particular por la ciencia ficción que se deja claramente visto en lo plasmado de su obra. Una vez más me encuentro con una obra chilena de Ciencia Ficción, lo cuál me provocaba intriga y emoción por seguir en esta ruta nacional, y un desafío por entrar en este mundo de la fantasía mezclado con lo científico. Cabe mencionar que muchas gracias por el ejemplar.

Para comenzar la reseña, debo contarles de Kubt Li, un hombre que no nació gracias a la naturaleza, si no a la ciencia, en…

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Cóndores en Capclave: Primera Participación Chilena en Convención Estadounidense de Ciencia Ficción de Washington, DC.


Por Leonardo Espinoza Benavides

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Cuando salí del hotel, luego de dos noches y tres días, supe de inmediato que la nostalgia se activaría en el momento en que perdiera de vista aquel recinto. Y es que había sido una experiencia casi onírica: la primera vez que participaba en una de estas convenciones, en los Estados Unidos, casa de aquellos autores por poco míticos que muchos hemos leído en nuestro recorrido por este género literario.

Había sido Capclave 2015, el Cónclave de la Capital, como indicara la composición de su nombre, la convención de ciencia ficción correspondiente al área metropolitana de Washington, DC. El evento lo organiza cada año la Washington Science Fiction Association (WSFA), una de las asociaciones dedicadas al tema más antiguas del país, funcionando, impresionantemente, desde 1947. Con el apoyo de la WSFA y de queridos compatriotas pudimos llevar a cabo, por primera vez, una presentación dedicada exclusivamente a la Ciencia Ficción Chilena.

Para muchos, un excelente fin de semana; para mí, un pequeño paraíso. No tengo forma de saber si otra oportunidad como esta se presentará, tendrían que alinearse los astros nuevamente, y por eso mismo fue que me di el tiempo y me detuve para observar aquel hotel antes de dejarlo. Atesoro esta experiencia como si fuera un álbum fotográfico de esos que ya no se ven, los que se guardan en estantes como libros raros y que se redescubren en alguna que otra noche de ensueño… Aunque, si lo pienso mejor, por el momento albergo el recuerdo como si fuera, más bien, un póster gigante pegado a la puerta del dormitorio de un adolescente. Creo que eso sería más acertado.

Fue un largo recorrido hasta el día de la presentación. Desde marzo, e incluso antes, planificando y concretando ideas, con la motivación de la WSFA siempre presente. Lo he dicho en otra oportunidad, pero me parece justo reiterarlo: las personas de la asociación con las que he compartido este año son individuos realmente espectaculares, y me llena de alegría poder contarme entre los miembros de su grupo. Son gente de motivación y dedicación inagotable. Pero esta vez tendré también palabras de reconocimiento para mis pares en Chile.

Como suele suceder cuando se planifica, tan solo cuando quedaba una semana para la convención aparecieron los imprevistos. Oh, los imprevistos… Son parte elemental de la emoción, dentro de todo.

El proyecto estaba listo: haríamos una presentación de sesenta minutos en la que yo expondría durante media hora sobre la historia de la ciencia ficción en nuestro país para luego hacer un contacto vía Skype con Marcelo Novoa, quien nos actualizaría de la situación más reciente del género en Chile. Los últimos quince minutos estarían dedicados al diálogo con la audiencia. Alzo, antes de proseguir, mis más grandes agradecimientos a Marcelo, un pilar motivacional fundamental y un grandioso promotor literario. Lamentablemente, por razones superiores (y comprensibles), Marcelo me comentó que ya no podría participar. Apoyarnos desde lejos, pero veía imposibilitada su presencia digital…

La epopeya había comenzado. Era lunes para entonces. La presentación: el sábado.

Aquí aparece, como salvador desde tierras distantes, el escritor Rodrigo Juri (un escritor notable, aprovecho de declarar). Unas cuantas semanas atrás, Rodrigo me había contactado vía mail. Había leído un artículo de mi autoría en el que comentaba el proyecto y llamaba a aunar fuerzas, llamado al que él acudió; probablemente impulsado por el espíritu de nuestros maestros. Nos mantuvimos en un contacto fluido en el que lo invité a que se nos uniera en el contacto internacional. Considerando que teníamos tan solo una hora programada, llegamos al consenso de que no lo sumaríamos. Sin embargo, Rodrigo se mantuvo siempre dispuesto a ayudar, y fue él quien debió recibir mi bombardeo de e-mails al borde del delirio cuando me vi forzado a reestructurar la presentación. Gracias, Rodrigo, por la paciencia.

Así fue como llegué a contactar al legendario Luis Saavedra. Creo que se ha ganado con mérito ese adjetivo. Luis me manifestó su gigantesco entusiasmo, y a la vez me informó que no podría integrarse. Tenía planificado un viaje. A fin de cuentas, iba a ser un fin de semana largo y le estaba avisando a solo tres días de la convención.

Mientras tanto Rodrigo recibía más de mis correos.

Gracias a Luis, terminé contactando a José Hernández Ibarra, también conocido como JH Magno, un admirable joven historiador del género. No pude entrar en contacto directo con él sino hasta el mismo jueves, a un día de mi hospedaje en el hotel. Le expliqué rápidamente en qué consistía la exposición, la parte que tendría que realizar, los tiempos con los que disponíamos, y finalmente me quedé tranquilo al recibir su confirmación. Es un joven muy proactivo y dedicado.

Le dije a Rodrigo que ya podía quedarse tranquilo. Habíamos llegado antes a un punto en que sería él quien tuviera que tomar aquel rol de la teleconferencia, pero el orden se logró reinstaurar al final.

Las cosas preparadas, el viernes hizo su entrada.

Capclave 2015 había comenzado.

Llegué al hotel en Gaithersburg (a unos treinta minutos de Washington) y el entusiasmo y la alegría se me impregnaron por completo. Era un sueño cumpliéndose, al fin y al cabo; no es algo menor. Aun así, debo confesar que el viernes lo pasé gran parte de la jornada preocupado por la presentación del día siguiente, sin que eso me impidiera, a pesar de todo, disfrutar del ambiente.

Nueve salas de distintos tamaños destinadas a las actividades, la mayoría de las veces ocurriendo en paralelo. La convención misma consiste en eso: un gran grupo de personas (cuatrocientas en total es el promedio de los últimos años; sin contar el 2013, claro, año en que la participación de George R.R. Martin elevó el número a más de novecientos), todas repartidas en distintas actividades, desde presentaciones, paneles de conversación, talleres y algunos eventos particularmente especiales.

Me dediqué con mi amiga Kathi Overton, miembro de la WSFA, a preparar los detalles de Skype. En esencia, nada de esto habría sido posible sin su ayuda y apoyo desde el inicio.

Y entonces… otro imprevisto.

Rodger, encargado de la programación de la convención y a quien le agradezco su cordialidad y asignación del espacio para la presentación, me comenta que nos asignó, para nuestro beneficio, treinta minutos extras de presentación.

Sí, fue un imprevisto positivo, pero imprevisto de todos modos.

Siempre quise hacer de esta oportunidad algo para compartir con la gente de Chile, con los que sé que también se esfuerzan por contribuir a nuestra querida ciencia ficción criolla. Podía con José simplemente extendernos en nuestro diálogo y rellenar esos minutos agregados, pero quisimos intentar sumar a alguien más.

¡Rodrigo! No sé qué habrá pensado a esas alturas, pero, por supuesto, le estaba avisando con muy poco tiempo luego de haberle dicho que se quedara tranquilo, así que era más que entendible que no pudiera participar.

Invité también a Mario Bustos Ponce, amigo y escritor publicado por Puerto de Escape (“Los Vástagos de la Mente”, 2014), pero, también…, digamos que no le di mucho tiempo para prepararse. Estaba, además, fuera de Santiago.

No hubo problemas, sin embargo. Nos preparamos con José y nos sentimos más que listos para el día siguiente. Cuarenta minutos para historia de la ciencia ficción, otros veinte para el contacto con José, en el que yo iría traduciendo sus palabras al inglés, y el resto para la audiencia.

Esa noche, para relajarme y disfrutar, acepté la invitación y me fui a tomar una cerveza al piso 12, donde se llevaban a cabo las juntas y celebraciones nocturnas. El encuentro fue fantástico; la cerveza…, una idea no muy buena. No tenía forma de predecir que aquel brebaje oscuro decidiría destruir mi sistema digestivo. Raggin Bitch era la marca, por si les interesa buscar la traducción.

Está bien, quizá tan solo eran los nervios.

Sábado 10 de octubre, 2015: la presentación chilena. Comenzábamos a las una treinta de la tarde y terminábamos a las tres. Camisa, pantalón caqui y zapatos listos. Me instalé en el Salón A, el que me correspondía. Las diapositivas desplegadas, José en línea por Skype y la gente que comenzaba a llegar. Pasados unos pocos minutos de la hora indicada, partimos.

Fue un éxito. Noventa minutos gloriosos.

Les presenté nuestro país (vino y terremotos es claramente lo que más se asocia aquí a nuestra patria; el vino en particular generó bastante entusiasmo al ser mencionado) y luego me explayé sobre la ciencia ficción chilena. Desde Francisco Miralles hasta los nuevos autores del siglo XXI. Después José proveyó un análisis de la ciencia ficción dentro de la literatura fantástica, y a continuación el auditorio procedió con el alce de sus manos.

No se le podría pedir nada más a ese grupo de interesados que fueron a observarnos. Pocas veces he visto tal motivación. Preguntaban por la influencia de la poesía en nuestras letras, así como también por la importancia de nuestros observatorios astronómicos; opinaron, analizaron, comentaron. Anotaban nombres de libros, de autores. Terminaba la presentación y se acercaban para seguir conversando y extender sus felicitaciones.

Envié las buenas nuevas a Chile y el resto del día fue como estar en un nirvana.

¡Lo habíamos logrado!

Pude disfrutar del resto de la convención en un estado de goce supremo. Compartí un buen almuerzo con el bondadoso Lance Oszko, un entusiasta experimentado de la ciencia ficción, y a quien le aproveché de clarificar que Jodorowsky era de Chile y no de México, como él creía. Siendo un tipo de muchos viajes, entre las cosas que me contaba era que los contactos los solían hacer buscando asociaciones, como había sido una vez el caso con Polonia, cuando él visitara aquella zona. Me llevo a Chile esa misión pendiente; creo que el modelo de la WSFA es un magnífico ejemplo a homologar con nuestro respectivo acento.

Ese mismo día se entregó el WSFA Small Press Award, del cual tuve el agrado de participar como jurado, llevándose el premio el cuento Jackalope Wives, de Ursula Vernon, que también ganara el Nebula. Y vaya que fueron buenas las palabras introductorias de Sam Lubell, recordándonos la importancia del cuento, del relato corto, en todo lo que ha sido la ciencia ficción.

Se felicitó a Rodger por su trabajo y se les brindaron reconocimientos a los invitados de honor: Alastair Reynolds, escritor británico de ciencia ficción, y Gordon Van Gelder, editor de la revista The Magazine of Fantasy & Science Fiction.

La jornada concluyó impecable.

El domingo fue un día más calmo. Era un día de cierre. Compartí conversaciones y asistí a unas cuantas charlas que me resultaron interesantes. Antes de dirigirme a la última del día, que trataba sobre el cambio climático en la ciencia ficción, tuve la enorme fortuna de compartir unas palabras con el ya mencionado Gordon Van Gelder. Un tipo sencillamente fenomenal; amigable y cercano. Además de darme un ejemplar de su revista, me regaló el libro Welcome to the Greenhouse, una antología editada por él. Para el viaje de vuelta a Chile, me dijo.

Como ya lo mencioné, un tipo fabuloso.

Y a eso de las cuatro de la tarde, ya estaba parado en las afueras del hotel, con mi mochila y mi maleta, sopesando y respirando toda la odisea. Una odisea hermosa, única, de la cual no hay momento en que no me sienta agradecido.

Ya antes lo había concluido, pero pude corroborarlo una vez más. Los logros aquí surgen de la hermandad que han creado, un largo trayecto que han ido caminando en conjunto, apoyándose y creyendo fervorosamente en lo que hacen, sin importar los horizontes que alcancen, sino tan solo enfocándose en expresar y cultivar un cariño y un sueño compartido. Y hay espacio para todos.

Pude ser testigo de la escena estadounidense, tan excelsa; pero pude también percibir ese vínculo que nos une en Chile a los que por voluntad propia nos integramos a este pequeño y simple nicho. Recibí una ayuda desinteresada y se los agradezco personalmente, a cada uno de ustedes. Hay una hermandad implícita de la cual no tengo dudas. Creo que resulta inevitable.

Y así fue cómo ocurrió la primera participación chilena en esta convención; un logro no de uno, sino de nosotros. Y en el nosotros cabemos muchos más.

Cuando existe bondad, esfuerzo y compañerismo, nada más que buenos frutos pueden surgir.

Octubre, 2015.

Virginia, USA.