“Los Vástagos de la Mente”, o el naufragio y resurrección del espíritu humano: Opinión de Jorge Alberto Collao


Mario Bustos Ponce construye en “Los Vástagos de la Mente” un relato pausado, sin aspavientos, donde poco a poco un mundo relativamente cercano se nos describe a través de los ojos del protagonista, explorando las vicisitudes de su cotidianidad desadaptada. Porque el motor profundo de esta novela es, a todas luces, el espíritu humano, esa disconformidad tenue que nos revuelve la mirada a todos nosotros y que nos define en la sociedad que nos toca vivir: cómo cada cual la resuelve, depende entonces de cada uno. Pero ese nexo de humanidad, es el que hace que Li nos sea tan cercano, como si fuese alguien que recordamos de alguna parte y con quien tal vez nunca fuimos amigos pero que inexorablemente, intuimos que circuló por las aulas del colegio donde estudiamos, o que ocupó alguna oficina en el edificio donde trabajamos. Es aquel que nos cruzamos, sin advertirlo, en la muchedumbre diaria de la gran ciudad, y al mismo tiempo, somos también nosotros en esta nueva soledad del mundo moderno. No extraña entonces que el relato revista estas únicas características. No estamos en presencia de efectismo ni parafernalia, sino de un retrato crudo casi a lo González-Vera para describirnos más bien un periplo interior de sobrevivencia. “Los Vástagos de la Mente” tiene ese mérito anclado más bien en la psicología de Li –acaso alter ego del autor- que nos propone una particular distopía donde el personaje secundario es el conocimiento.

Así entonces, el conocimiento y su relación con objetivos morales, subvertidos o no, pero también el conocimiento y su feedback en el individuo que lo genera respecto de la sociedad en la que se encuentra inmerso, y como esa dialéctica penetra imperceptiblemente en lo que Frankl denominaba la búsqueda de sentido, o Sisek, el interés.  ¿Es eso lo que realmente nos define? ¿Más allá de nuestra memoria, de nuestros recuerdos, nuestras mentiras? ¿Es al mismo tiempo lo que nos redime? No estamos, por cierto, ante un dramatismo Orweliano que puede llamarnos a la rebelión, sino a una perspectiva mucho más sutil y contradictoria. El mundo y la civilización han enmendado su rumbo, han tomado las decisiones correctas para rehacer el camino de la humanidad a partir de la pavorosa lección del desastre y la pérdida, pero donde sutilmente es ahora el conocimiento el que ha inclinado la balanza del poder y no como ocurre hoy, con las divisas y el dinero. Pero el conocimiento es intrínsecamente de una naturaleza muy diferente porque tras él no subyacen modelos de acumulación sino mesianismo.

No hay claves entonces como en Orwell o Huxley para levantar juicios precipitados sobre nuestra sociedad actual, sino que lo interesante es reflexionar sobre qué es lo que tenemos hoy, cuál es nuestra reserva ultima de moralidad para tomar una decisión respecto del conocimiento y la fuerza de gravedad que ese conocimiento ejerce sobre la naturaleza humana.

Echamos de menos cierto dinamismo y contundencia en el relato que mantiene el tono durante toda la narración. El preguntarse constantemente del personaje está en el equilibrio con ese tono mesurado de antihéroe, a pesar de lo que gravita en el relato aún a pesar del tono soft que se impone página tras página.  Así, la trama política –en el sentido genérico- que nos presenta Bustos Ponce en sus “Los Vástagos de la Mente” nos presenta, aún así, una mirada mucho más benévola que incluso la que tiene Byung-Chul Han de nuestra actual sociedad moderna, en donde “La sociedad de trabajo y rendimiento no es ninguna sociedad libre. Produce nuevas obligaciones” y, en ese sentido, es algo más luminosa pues contiene aún esa fe militante en el ser humano, que se conserva, aun después de la catástrofe más profunda e imaginable, y la torcida manera que parece por fin conjurar todos nuestros demonios. Parece casi naif –para mi gusto- pero aún así, el sabor de la esperanza por muy tenue que parezca, ha sido movilizador de revoluciones durante toda nuestra historia, y podría seguir siéndolo, según estos “Los Vástagos de la Mente”.

Jorge Alberto Collao

Autor de Ciencia Ficción

La Serena-27 de marzo del 2017

“Nuevas” obras de Hugo Correa


Hugo Correa fue uno de los más grandes escritores chilenos de ciencia ficción, aunque desgraciadamente sólo los nichos más especializados conoce su importancia y legado. Sin embargo, ello ha empezado a cambiar.

Hace algún tiempo, la editorial Alfaguara publicó la obra más visible de Hugo Correa, “Los Altísimos” (1959), y luego una obra póstuma “El valle de Luzbel” (2015). Así, el autor maulino volvía en grande a las librerías, saliendo de su injusto anonimato y olvido.

Inmediatamente adquirí aquellas dos obras para recordar y reconocer el talento plasmado en sus páginas. De “Los Altísimos” no hay mucho más que decir, sino que es una de las grandes distopías que se han escrito (no solo en Chile) y que no tiene absolutamente nada que envidiarle a los hilos argumentales de Asimov o Huxley, ni a las descripciones científicas de Clarke o Niven. De “El valle de Luzbel” sólo me queda señalar que fue un buen reencuentro con Hugo Correa… a ambas ya he dedicado algunas líneas hace un tiempo.

Pero quedaba la duda, ¿serían acaso esos dos libros excepcionales?, ¿o serían sólo el principio? Mi duda era razonable, pues en Chile no son frecuentes las publicaciones fantásticas de tiempos pretéritos. Sin embargo, tenía la esperanza de que hubiese más: aquellas dos obras habían sido una invitación a conocer más de Hugo Correa, por lo que no podían ser únicamente una mera mirada nostálgica al pasado.

Con satisfacción y alegría mis esperanzas se concretaron este 2016. La misma editorial que ya había publicado a “Los Altísimos” y al “Valle de Luzbel”, ahora se atrevía con dos volúmenes más, aunque con títulos no muy atractivos para el lego: “Dos Novelas” y “Cuentos reunidos”. Sin embargo, lo importante era que Hugo Correa volvía a resurgir en gloria y majestad.

En “Dos Novelas” se encuentran justamente, dos novelas: “El que merodea en la lluvia” (1962) y “Los ojos del diablo” (1972). En “Cuentos Reunidos” aparecen las obras “Los títeres” (1969), “Cuando Pilato se opuso” (1971) y “Alguien mora en el viento” (1966). Daré a continuación una breve referencia a cada una de ellas.

“El que merodea en la lluvia” es una novela en la que se entremezclan el suspenso, el terror y la ciencia ficción. Trata de extraños fenómenos ocurridos en un típico sector rural de la zona central de Chile en donde un ser extraño (el Merodeador) aterroriza a sus pobladores en las noches lluviosas. Está contada de una forma muy ágil de manera que quien se sumerge en sus páginas está inevitablemente perdido en tratar de encontrar el desenlace a tantas intrigas y misterios planteados. Algunos, entre los cuales desde ahora me incluyo, piensan que esta obra necesita con desesperación una adaptación cinematográfica; el ritmo, la trama y el dinamismo de los personajes la hacen merecedora de una adaptación a su altura.

“Los ojos del diablo” tiene un ritmo narrativo más pausado que “El que merodea en la lluvia”, pues plantea una trama menos detectivesca y más reflexiva. En ella, un joven vuelve a la hacienda de su familia y se da cuenta (después de mucha incredulidad) que su estirpe está condenada, pues su vil padre hizo un pacto con el diablo hace muchos años. Es una obra que nos sumerge en la cultura, mitos y costumbres de los campos de la zona central de Chile, sin olvidar los matices fantásticos y oscuros. Una obra muy bien pensada en que nos sumergimos en los conflictos propios de los padres e hijos, mientras se nos van revelando más y más antecedentes para sacar nuestras propias conclusiones.

“Los títeres” es una obra maestra. Es un conjunto de cuatro cuentos (a modo de “fix up”) que giran en torno a un mundo en donde cada persona tiene un títere (como una especie de “robot” o “ciborg” en nuestro lenguaje más contemporáneo) el cual, operado a distancia por su dueño, desarrolla algunas o todas tareas del día a día de su amo: visitas a amigos o familiares, concurrir al trabajo, ir a hacer compras, etc.

Cada cuento nos relata las consecuencias de los usos de estos títeres: suplantaciones de identidad, planificación de asesinatos, mecanismos de beneficios carcelarios, entre otros. Todos ellos contienen tramas coherentes y reflexivas, siendo manifestaciones de la ciencia ficción más seria y profunda. En mi opinión, “Los Títeres” es el “Yo, Robot” chileno. Personalmente, los cuentos más destacables de esta colección son “El veraneante” y “El hombre prohibido”.

“Cuando Pilato se opuso”, al igual que “Los títeres”, es un conjunto de cuentos de ciencia ficción. En general, sus relatos nos sumergen en temáticas propias de la exploración espacial y el contacto con seres alienígenas. Los cuentos que componen esta colección se pueden encuadrar dentro de la “ciencia ficción blanda”, más reflexiva que científica, más psicológica que mecánica. Sus páginas recuerdan al estilo de Ray Bradbury en “Crónicas Marcianas” y, especialmente, “El hombre ilustrado”. De hecho, el mismo Correa dedica a Bradbury el cuento “La esfera lunar” de esta colección. En mi opinión, los cuentos más destacables de esta obra son “La teleportación es un deporte para mayores”, “Mecano” y “Cuando Pilato se opuso”.

Por último, “Alguien mora en el viento” es un cuento de una temática inverosímil, pero no por ello menos interesante. Trata de una exploración espacial a los interiores de un planeta gigante gaseoso, en donde ningún explorador vuelve; sin embargo, uno de ellos sobrevive y descubre que se encuentra en una gran superficie sólida que es arrastrada por las tormentas perpetuamente, mientras le hace compañía una misteriosa joven que le enseña a vivir entre las corrientes.

En fin, la pluma de Hugo Correa es tan versátil que no merece ser mirada con indiferencia. Ya salieron de su olvido todas estas obras, pero quedan más. Impresiona que las temáticas de estas obras sean tan actuales y contingentes, pensando que fueron escritas hace varias décadas; particularmente “Los títeres” y “Cuando Pilato se opuso” destacan en ese ámbito. En la técnica narrativa destaca de sobremanera “El que merodea en la lluvia”, cuyo estilo es más que envidiable en las plumas actuales.

Espero que sigan apareciendo obras de Hugo Correa, pues queda mucho que conocer y contar. Aunque, tal vez, más importante aún, sería la reedición de obras de otros grandes talentos del pasado para la lectura de las nuevas generaciones.

“Requiem para Tahinus”: Opinión de Jorge Alberto Collao


Jorge Alberto Collao, autor de ciencia ficción. Obras publicadas: “Aunque tal vez sólo seamos dioses de las hormigas” (P de E., 2014); “Podremos reírnos en el silencio del cosmos” (P. de E., 2016)

La Novela “Réquiem para Tahinus” de Fabián Cortez publicada en el 2015 tiene varias ventajas a su haber, y lo primero, es que cumple con todos los ingredientes que podrían esperarse en un texto para una lectura amena, ágil, sin demasiadas complicaciones, y con el suficiente manejo, como para mantener varios ases bajo la manga que va soltando poco a poco durante su par de centenar de páginas. Usando la linealidad argumental como un soporte robusto, logra orquestar un universo particular y propio, echando mano a los leit motiv propios más bien de la fantasía que de la ciencia ficción, aunque podría decirse que la ciencia esgrimida aquí tiene que ver más bien con las ciencias blandas que con los clichés propios de la misma fantasía o la ciencia ficción más convencional. Aun así, un lector desprejuiciado no va asentirse decepcionado en lo absoluto. Y esto es muy importante porque “Réquiem” está escrita para todo lector por lo que no se va a encontrar ni truculencias ni ese barroquismo a que nos tienen acostumbrados ciertas tendencias, pero, así y todo, es un texto ideal para lectores desde muy jóvenes –para leer y discutir con sus padres, amigos, o profesores, ya que es un texto muy visual y, sin embargo, con descripciones muy medidas que no agotan.  Sus personajes son entrañables y muy queribles que, a pesar de lo fantásticos, revelan conflictos permanentes en la historia humana dando su particular versión como una especie de metáfora que, si bien tienen un trasfondo moral, superan acertadamente toda apología doctrinal. Su visualidad –incluso cercana a la narrativa gráfica- crea sin embargo una luminosidad que va más allá del conflicto presentado, el cual logra elevarse por sobre el riesgo de caer en una imaginería oscura, dark, o distópica, si se quiere. “Réquiem” es un texto redondo, donde los puntos de fuga no llegan a entorpecer la continuidad del relato y que podrían interesarle quizá, solo a lectores más avezados. Desde esta perspectiva, es interesante que si bien, los personajes no llegan a deslumbrar o a estremecer como en obras más o menos recientes del genero a nivel mundial, si logran la consistencia suficiente para coreografiar el relato muy eficientemente. Tampoco tenemos aquí una especie de falsa pretensión, donde la exploración sicológica nos arrebate del tono general de la obra, sino que están construidos precisamente, para que tal tono se mantenga. Hubiese sido decepcionante tal vez, que los personajes terminaran fagocitando el contexto general del relato. Por lo tanto, no es una queja, sino más bien, están manejados criteriosamente. Otro de los contextos interesantes que se descubre bien avanzada la lectura, es la perspectiva “historiográfica” que relaciona la existencia de las cinco razas o existencia principales, lo mismo que la fauna recreada. Quizás aquí –al menos para mí- las citas que conectan los sucesos con paralelismos de la historia humana pre-moderna, podrían constituir un punto de fuga que tensa en algo la lectura, porque no sabemos si es una preferencia o dominio del autor, o más bien una manera de “prestidigitar” en el subconsciente imaginario del lector esa carga mitológica, pero, aun así, no llega ni al punto de ser gravitante, ni peligroso en el desarrollo de los acontecimientos. Debo decir que no es el género ni tiene la densidad que me gusta encontrar en mis lecturas, pero tiene un sabroso fiato –con dramatismo y humor mediante- que te permiten cortar y retomar la lectura sin demasiadas dificultades, ya que su estructura inteligentemente diseñada, lo permite en forma eficaz. En este caso, todo el relato está supeditado a la idea central que se alinea estratégicamente al desenlace, esto es el mayor valor de la obra, pero también puede leerse como su punto más débil. En general, nos falta a todos –entre los cuales me incluyo- aventurarnos a cuestiones más conflictivas, más desgarradoras respecto de nuestra historia global actual, pero eso ya es más una opción discrecional del autor.

Cualquier fragmento al azar;

“Despuntaba el alba cuando Nekut asomó al exterior del refugio. Los primeros rayos del sol se filtraron con timidez, venciendo la densa formación de nubes. Aunque no lograba entibiar la atmosfera. El aire se percibía más limpio, pero húmedo”

Que, aunque se mantiene y no se desequilibra en todo el relato, se mantiene bastante neutral con la precisión de una descripción periodística –de hecho, así está concebido- pero se echa de menos al menos cierto lirismo que podría ser un aporte a la voz propia del autor. Puedo estar cometiendo algún pecadillo ya que con el mea culpa de no haber leído su primera obra (“Los Peregrinos” 2012), no puedo estar muy seguro de ello. Así y todo, esperemos que la pronta entrega de su tercera novela (“Portal de los Dioses”), nos sorprenda gratamente.

Jorge Alberto Collao

La Serena – 18 de febrero de 2017.

 

Mis mejores libros 2016


El año recién pasado leí varios libros, pero estas son mis recomendaciones personales de lo recogido durante el 2016. Cualquiera de las obras que a continuación se expresan harán pasar un buen rato a todo aquel que la tenga en su poder; sin embargo, lamentablemente muchas de ellas no las pude encontrar en formato físico y sólo las encontré en formato electrónico.

11- Heliconia Primavera/ Brian Aldiss. 1982: Es la primera parte de una trilogía que cuenta la historia de una humanidad que vive en el planeta Heliconia, el cual forma parte de un sistema solar binario formado por dos estrellas Freyr y Batalix; la primera da lugar al “gran año”, mientras que la segunda al “año corto”. Esta obra se emplaza en el inicio del “gran año”, esto es, cuando Heliconia (junto a la estrella en torno a la cual gira, Batalix) entra en perihelio en torno a Freyr, calentando su superficie y derritiendo sus grandes glaciales. Así, este libro trata de la lucha entre el hombre y los “phagors”, los habitantes dominantes en el largo “invierno” de Heliconia que ya termina.

10- Mundos/ Joe Haldeman. 1981: Mundos es la primera parte de una trilogía del afamado Joe Haldeman, la cual ha sido eclipsada por su obra maestra “La guerra interminable” y sus secuelas. Nos relata una Tierra futurista, en donde existen muchas colonias independientes que han construido decenas de “mundos” que orbitan alrededor del planeta madre; una estudiante de uno de esos “mundos” baja a la Tierra en un viaje de estudios mientras la civilización llega a su fin.

9- El que merodea en la lluvia/ Hugo Correa. 1962: Novela corta en que se entremezclan el suspenso, el terror y la ciencia ficción. Un ser extraño (el Merodeador) aterroriza un poblado de la zona huasa de Chile en las noches lluviosas. Contada de una forma ágil se hace una lectura muy amena e interesante.

8- Tiempo de Cambios/ Robert Silverberg. 1971: Distopía que se desarrolla en un distante planeta en donde está prohibida toda referencia al “yo”: La individualidad está vedada y no se puede hablar de sí mismo sino sólo en frente de muy específicas personas. Todo ello cambia cuando aparece un terrícola que le entrega al protagonista una droga que le permite valorarse como individuo y entender que las personas valen por sí mismas, y no como un mero instrumento en el engranaje social.

7- Las torres del olvido/George Turner. 1987: Esta novela se ubica en un futuro distante en Australia. El cambio climático ha alterado la faz de la Tierra y los Estados, empobrecidos por la ausencia de recursos, luchan por sobrevivir. La sociedad se divide entre “supras” (la minoría trabajadora y detentadora del escaso capital) y los “infra” (la mayoría ociosa, miserablemente pobre). La novela gira en torno a las problemáticas de la pobreza absoluta de los “infra”, relegados a vivir hacinados en inmensas torres, y los “supra” que hacen lo posible para sobrevivir con sus riquezas cada vez más escasas.

6- Mercaderes del espacio/ Frederik Polh y Cyril K. Kornbluth. 1953. El Estado ha sido reducido a funciones meramente formales, siendo los grandes conglomerados empresariales las nuevas potencias; las naciones han sido reemplazadas por corporaciones y los ciudadanos por consumidores. En esta novela ha ganado el capitalismo extremo, cayendo los consumidores en una vorágine de compras y deudas, mientras las corporaciones se enriquecen a costa de las masas.

5- Un caso de conciencia/James Blish. 1958: Una pequeña exploración al planeta Litina queda pasmada ante una especie extraterrestre con una ética altamente desarrollada que ha construído una sociedad moralmente perfecta; el problema es que todo su esquema ético social ha sido construido con prescindencia de la figura de Dios. Ello le causa conflictos al padre Ruiz-Sanchez, a quien le perturba más que a cualquier otro que aquellos individuos “perfectos” no necesiten de un Dios para hacer el bien. Premio Hugo en 1959.

4- El libro del día del juicio final/Connie Willis. 1992: Sólida novela de un viaje en el tiempo a la Inglaterra medieval de 1348, durante la catástrofe de la peste negra. La obra hace un paralelo entre la aterradora enfermedad y un misterioso virus que también ataca al presente y que el lector no tardará en reconocer. Una novela muy bien documentada que no sólo entretiene, sino que también logra enseñar sobre un oscuro pasaje oscuro de la historia.

3- Los títeres/Hugo Correa. 1969: Es un conjunto de cuatro cuentos (a modo de “fix up”) que giran en torno a un mundo en donde cada persona tiene un títere (una especie de “robot” o “ciborg”) el cual, operado a distancia por su dueño, desarrolla algunas o todas tareas del día a día de su amo: visitas a amigos o familiares, concurrir al trabajo, ir a hacer compras, etc. “Los Títeres” es el “Yo, Robot” chileno.

2- El fin de la infancia/Arthur C. Clarke. 1953: Esta novela nos relata el primer encuentro de la humanidad con una especie extraterrestre; es una especie benévola que logra terminar con las guerras y crímenes de la historia humana. Sin embargo, el precio es alto: el hombre ha perdido su individualidad y su creatividad, manteniéndose en un estado de paz conformista a merced de los misteriosos designios de seres que se mantienen en la sombra.

1- Ciudad/Cliford D. Simak. 1952: Fix-up de relatos cortos en donde la humanidad se va extinguiendo poco a poco hasta perderse en las leyendas, mientras los perros han ido evolucionando de la mano de los últimos hombres y luego del último de los robots de la extinta raza. Con una prosa melancólica, romántica y fluida, es una de las más grandes obras que abarcan miles de años sin perder el ritmo ni la coherencia. Sencillamente una obra maestra del autor de “Estación de tránsito”.

En fin, estas son mis recomendaciones de este año. Espero sean de su agrado!

Distopías que recomiendo


mariobp7

Dentro de las temáticas globales que aborda la literatura de ciencia ficción, un lugar destacado lo ocupan las “distopías”. Las obras distópicas construyen mundos negativos y decadentes, estando en el lado opuesto a las utopías.

Normalmente los autores distópicos no sólo se encargan de describir una realidad negativa y decadente, sino que dicho contexto es la consecuencia lógica de problemas y crisis actuales que la humanidad ha soslayado o que le son cómodamente indiferentes. Es decir, el escenario distópico muchas veces aparece como el efecto de la indolencia y negligencia contemporáneas en su máxima expresión. Por ello, con acierto, se ha señalado que las distopías cumplen una función de “profecías autopreventivas”.

Las distopías se alejan del lado popularmente más conocido de la ciencia ficción, esto es, naves espaciales (en su variante “space opera” más extremo), robots o viajes en el tiempo. En efecto, siguiendo a Miquel Barceló en su “Ciencia…

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El muerto siniestro del bosque


mariobp7

El silencio era perpetuo. La oscuridad era absoluta. La muerte era la única compañía de la soledad. El viento: frío, desgarrador, mientras golpeaba sin piedad la puerta de podrida madera malograda por la impía humedad en el constante e inexorable paso de los años.
Adentro, el olor del encierro sofocante… pero a los gusanos y a las moscas que devoraban y rondaban lenta e inclaudicablemente los inertes cabellos y la putrefacta piel parecía no importarles; el cadáver era un premio, no un lamento.
Nadie llegaría allí en años…la sangre se secaría en el sucio cemento del piso, y una que otra gota se colaba por entre sus grietas. En su momento, nadie pudo ayudarla; desde siempre había sido demasiado tarde.
La muerte fue más rápida que toda acción… el golpe había sido certero. No hubo dolor, solo un instante, un cambio, un segundo de vida y luego la muerte eterna. La esencia es la fragilidad de…

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Distopías que recomiendo


Dentro de las temáticas globales que aborda la literatura de ciencia ficción, un lugar destacado lo ocupan las “distopías”. Las obras distópicas construyen mundos negativos y decadentes, estando en el lado opuesto a las utopías.

Normalmente los autores distópicos no sólo se encargan de describir una realidad negativa y decadente, sino que dicho contexto es la consecuencia lógica de problemas y crisis actuales que la humanidad ha soslayado o que le son cómodamente indiferentes. Es decir, el escenario distópico muchas veces aparece como el efecto de la indolencia y negligencia contemporáneas en su máxima expresión. Por ello, con acierto, se ha señalado que las distopías cumplen una función de “profecías autopreventivas”.

Las distopías se alejan del lado popularmente más conocido de la ciencia ficción, esto es, naves espaciales (en su variante “space opera” más extremo), robots o viajes en el tiempo. En efecto, siguiendo a Miquel Barceló en su “Ciencia Ficción: Nueva guía de lectura” la ciencia ficción ha superado “la primitiva orientación limitada a las ciencias físico-naturales”, extendiéndose “al análisis de hipótesis que también corresponden a la psicología, la sociología, la antropología o la historia, y en definitiva al conjunto de las ciencias llamadas sociales”.

En razón de ello, género distópico se destaca en análisis sociales en la búsqueda de la respuesta a la pregunta de toda obra de ciencia ficción: ¿Qué sucedería si…?”;  sin embargo, esto no obsta a que este género pueda coexistir con temáticas científicas “duras” sin inconvenientes. Asimismo, cabe destacar que la categoría “distopía” no debe ser considerada como una variante independiente, sino que muchas veces aparece fusionada con otras categorías de la ciencia ficción, particularmente con el “ciberpunk” (como por ejemplo, gran parte de la literatura dickeana).

Hechas ya las introducciones necesarias, sin más les presento las distopías que recomiendo. Obviamente faltan varias, pero ello se debe a que me he basado sólo en las obras que, hasta el momento, he leído.

  1. “Un mundo feliz” de Aldous Huxley (1932). Esta novela muestra una sociedad estratificada en razón de rigurosas reglas científicas, y en donde a cada persona sólo le toca cumplir con el rol que la genética ya le ha predestinado. La promiscuidad, la felicidad fácil a través de las drogas (el “soma”), la indolencia ante el sufrimiento de las masas y la soberbia por el control acérrimo a través de la biología, hacen de esta novela un clásico imprescindible.
  2. “1984” de George Orwell (1949). Es ésta una de las más crudas distopías que existen. Así como el control en “Un mundo feliz” estaba basado en la biología, en “1984” este control, de un omnipresente Estado totalitario, se basa en el uso del lenguaje y de los medios de comunicación. El lenguaje se restringe a lo estrictamente necesario para controlar los pensamientos de las personas, los medios inventan guerras e intrigas para mantener a las masas ocupadas y el “Gran Hermano”, siempre vigilante, es implacable con los pocos disidentes. Con un final desolador, “1984” es una de las distopías fundamentales de la historia.
  3. “Mercaderes del espacio” de Frederik Polh y Cyril K. Kornbluth (1953). Si en “1984” el Estado es quien controla todo, en “Mercaderes del espacio” ocurre todo lo contrario. El Estado ha sido reducido a funciones meramente formales, siendo los grandes conglomerados empresariales las nuevas potencias; las naciones han sido reemplazadas por corporaciones y los ciudadanos por consumidores. En esta novela ha ganado el capitalismo extremo, cayendo los consumidores en una vorágine de compras y deudas, mientras las corporaciones se enriquecen a costa de las masas.
  4. “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury (1953). Volvemos a la existencia de un Estado Totalitario, en donde el control social se basa en la restricción de toda forma de pensamiento disidente a través de la prohibición y quema de libros. Los bomberos no apagan incendios, sino que crean grandes fogatas para quemar las ideas plasmadas en papel. Unos pocos memorizan los libros del pasado para resguardar su legado antes de su indefectible destrucción. Gran distopía, con un final esperanzador.
  5. “Tiempo de Cambios” de Robert Silverberg (1971). En general no soy seguidor de la obra de Silverberg, pero esta distopía merece distinción. Es la única de este listado que no se desarrolla en la Tierra, sino que en un distante planeta en donde está prohibida toda referencia al “yo”: La individualidad está vedada y no se puede hablar de sí mismo sino sólo en frente de muy específicas personas. Todo ello cambia cuando aparece un terrícola que le entrega al protagonista una droga que le permite valorarse como individuo y entender que las personas valen por sí mismas, y no como un mero engranaje social.
  6. “Las torres del Olvido” de George Turner (1987). Esta novela se ubica en un futuro distante en Australia. El cambio climático ha cambiado la faz de la Tierra y los Estados, empobrecidos por la ausencia de recursos, luchan por sobrevivir. La sociedad se divide entre “supras” (la minoría trabajadora y detentadora del escaso capital) y los “infra” (la mayoría ociosa, miserablemente pobre). La novela gira en torno a las problemáticas de la pobreza absoluta de los “infra”, relegados a vivir hacinados en inmensas torres, y los “supra” que hacen lo posible para sobrevivir con sus riquezas cada vez más escasas.

Todas estas obras son grandes muestras no sólo de la ciencia ficción, sino que de la literatura en general. Algunas de ellas ya son grandes íconos de nuestra cultura y lectura obligada para muchos.