Sexta Sesión del Ciclo de Lecturas del Primer Encuentro Internacional de Literatura Fantástica y de Ciencia Ficción (Chile, 2017)


EL ÚLTIMO HORIZONTE DE LA NOCHE

Esta fue la última sesión del Ciclo de Lecturas previo al Primer Encuentro de Literatura Fantástica y de Ciencia Ficción. A lo largo de estas semanas hemos escuchado a casi una veintena de escritores chilenos de ciencia ficción y fantasía, lo que nos ha permitido tener una visión general, y al mismo tiempo bastante profunda, del estado del género en este momento particular. Un momento que se caracteriza por una verdadera explosión de esfuerzo y talento que se evidencia en la considerable cantidad de material publicado en los últimos años, tanto que incluso ha llamado la atención de la academia y es por eso que ahora nos preparamos para el Encuentro del cuál este Ciclo de Lectura ha servido de preámbulo.

En esta ocasión las palabras preliminares fueron de Miguel Vera Superbi, quien habló a nombre de la Corporación Letras de Chile agradeciendo la participación de todos los autores y…

Ver la entrada original 763 palabras más

Anuncios

La prueba


Hace algunos años (tantos que ya no recuerdo) un Trascendental bajó a la Tierra; aquel suceso fue el primer contacto con un ser de otro mundo. Aunque no fue como la humanidad esperaba: no hubo naves espaciales descendiendo desde el firmamento, ni la incrédula mirada de unos oscuros líderes mundiales.

En realidad, los Trascendentales son seres inmateriales, imperceptibles a nuestros burdos sentidos… son quienes mantienen el equilibrio de nuestro Plano de Existencia; ingenieros subordinados de los Elementales, creadores de todo lo que existe, existió y existirá. Por ello, cuando aquel ser superior bajó a la superficie, nadie lo percibió… fue como una agradable brisa del estío; un placer tenue y pasajero.

El escenario fue sencillo: el supremo ser descendió en un barrio muy pobre de una mísera ciudad… tal vez haya sido el destino o el azar el que tuviera que llegar a aquel desgraciado sitio.

Los seres materiales nunca lo sabríamos: azar o destino. Pero el escenario ya había sido impuesto: noche y oscuridad; tristeza e impropiedad para el mayor hito de la historia del hombre: sólo la suciedad de un callejón solitario era testigo del magno evento… opulencia ausente, solo pobreza. Pero los hombres no pueden decidir los escenarios, sólo deben adecuarse a ellos… ese es el destino de los seres inferiores.

Aunque al Trascendental las impresiones no le interesaban: pobreza, riqueza, bien, mal… conceptos vacíos que ante Él carecían de todo valor. Su misión era más profunda: no deseaba ver realidades, sino esencias. Debía penetrar en el centro mismo de la raza humana para conocer su estructura. Las apariencias eran irrelevantes y muchas civilizaciones materiales colmadas de tecnologías impresionables habían sido borradas de los Planos de las Existencias por órdenes de los Elementales… otras, precarias y primitivas habían sobrevivido al castigo divino. Así era el plan de los Seres Supremos: ver qué formas de vida se adecuaban o no a la estructura del Cosmos que querían lograr; aquellas que no, debían ser suprimidas.

Y los Trascendentales estaban para ello… debían hacer una evaluación de cada una de las formas de vida diseminadas por los Planos de las Existencias para que los Elementales tomaran la decisión final. Y ya había llegado el tiempo en que la humanidad debía someterse a la prueba.
A primera vista, era lamentable que el espécimen de prueba no fuera el mejor que la raza humana pudiera ofrecer. Un vagabundo tratando de acomodarse entre las capas de cartones corrugados: una frágil barrera contra el frío invernal.

Sin embargo, al Trascendental no le importaba. Todos los seres materiales eran iguales para la prueba. Cualquiera de ellos serviría para sellar el destino de la humanidad. Así que la prueba sería con el primero que encontró; ello se había decidido hace eones… y ese vagabundo era el elegido; de él dependía el futuro de todos los habitantes de la Tierra. Estaba escrito.

Tristeza en el corazón… penas del alma. La vida del vagabundo había sido una tragedia. Muerte y pérdidas… El mundo humano, el mundo interior del vagabundo, era mísero y cruel. El Transcendental no juzgaba, sólo recopilaba.

Humanidad… raza triste y sumida en la oscuridad. Supresión?, salvación? El hombre, ser inmundo y cruel… que hace sufrir a sus congéneres condenándolos al olvido y al dolor en callejones inmundos e indolentes. Indiferencia ante el vagabundo, indiferencia ante el débil, al lastimado.

Ya tenía bastante. El Transcendental se alejó del universo imperceptiblemente. El vagabundo nunca supo ni sabrá el rol que tuvo en esta historia… La miseria y la indiferencia es eterna, y no se inclina ante los prodigios del destino.

El destino… Morir? Parecía justo. La humanidad es mísera y maligna…

Esperamos el juicio de los Seres Superiores. Merecemos vivir? Merecemos un castigo?

Pero seguimos aquí…

“Los Vástagos de la Mente”, o el naufragio y resurrección del espíritu humano: Opinión de Jorge Alberto Collao


Mario Bustos Ponce construye en “Los Vástagos de la Mente” un relato pausado, sin aspavientos, donde poco a poco un mundo relativamente cercano se nos describe a través de los ojos del protagonista, explorando las vicisitudes de su cotidianidad desadaptada. Porque el motor profundo de esta novela es, a todas luces, el espíritu humano, esa disconformidad tenue que nos revuelve la mirada a todos nosotros y que nos define en la sociedad que nos toca vivir: cómo cada cual la resuelve, depende entonces de cada uno. Pero ese nexo de humanidad, es el que hace que Li nos sea tan cercano, como si fuese alguien que recordamos de alguna parte y con quien tal vez nunca fuimos amigos pero que inexorablemente, intuimos que circuló por las aulas del colegio donde estudiamos, o que ocupó alguna oficina en el edificio donde trabajamos. Es aquel que nos cruzamos, sin advertirlo, en la muchedumbre diaria de la gran ciudad, y al mismo tiempo, somos también nosotros en esta nueva soledad del mundo moderno. No extraña entonces que el relato revista estas únicas características. No estamos en presencia de efectismo ni parafernalia, sino de un retrato crudo casi a lo González-Vera para describirnos más bien un periplo interior de sobrevivencia. “Los Vástagos de la Mente” tiene ese mérito anclado más bien en la psicología de Li –acaso alter ego del autor- que nos propone una particular distopía donde el personaje secundario es el conocimiento.

Así entonces, el conocimiento y su relación con objetivos morales, subvertidos o no, pero también el conocimiento y su feedback en el individuo que lo genera respecto de la sociedad en la que se encuentra inmerso, y como esa dialéctica penetra imperceptiblemente en lo que Frankl denominaba la búsqueda de sentido, o Sisek, el interés.  ¿Es eso lo que realmente nos define? ¿Más allá de nuestra memoria, de nuestros recuerdos, nuestras mentiras? ¿Es al mismo tiempo lo que nos redime? No estamos, por cierto, ante un dramatismo Orweliano que puede llamarnos a la rebelión, sino a una perspectiva mucho más sutil y contradictoria. El mundo y la civilización han enmendado su rumbo, han tomado las decisiones correctas para rehacer el camino de la humanidad a partir de la pavorosa lección del desastre y la pérdida, pero donde sutilmente es ahora el conocimiento el que ha inclinado la balanza del poder y no como ocurre hoy, con las divisas y el dinero. Pero el conocimiento es intrínsecamente de una naturaleza muy diferente porque tras él no subyacen modelos de acumulación sino mesianismo.

No hay claves entonces como en Orwell o Huxley para levantar juicios precipitados sobre nuestra sociedad actual, sino que lo interesante es reflexionar sobre qué es lo que tenemos hoy, cuál es nuestra reserva ultima de moralidad para tomar una decisión respecto del conocimiento y la fuerza de gravedad que ese conocimiento ejerce sobre la naturaleza humana.

Echamos de menos cierto dinamismo y contundencia en el relato que mantiene el tono durante toda la narración. El preguntarse constantemente del personaje está en el equilibrio con ese tono mesurado de antihéroe, a pesar de lo que gravita en el relato aún a pesar del tono soft que se impone página tras página.  Así, la trama política –en el sentido genérico- que nos presenta Bustos Ponce en sus “Los Vástagos de la Mente” nos presenta, aún así, una mirada mucho más benévola que incluso la que tiene Byung-Chul Han de nuestra actual sociedad moderna, en donde “La sociedad de trabajo y rendimiento no es ninguna sociedad libre. Produce nuevas obligaciones” y, en ese sentido, es algo más luminosa pues contiene aún esa fe militante en el ser humano, que se conserva, aun después de la catástrofe más profunda e imaginable, y la torcida manera que parece por fin conjurar todos nuestros demonios. Parece casi naif –para mi gusto- pero aún así, el sabor de la esperanza por muy tenue que parezca, ha sido movilizador de revoluciones durante toda nuestra historia, y podría seguir siéndolo, según estos “Los Vástagos de la Mente”.

Jorge Alberto Collao

Autor de Ciencia Ficción

La Serena-27 de marzo del 2017

“Nuevas” obras de Hugo Correa


Hugo Correa fue uno de los más grandes escritores chilenos de ciencia ficción, aunque desgraciadamente sólo los nichos más especializados conoce su importancia y legado. Sin embargo, ello ha empezado a cambiar.

Hace algún tiempo, la editorial Alfaguara publicó la obra más visible de Hugo Correa, “Los Altísimos” (1959), y luego una obra póstuma “El valle de Luzbel” (2015). Así, el autor maulino volvía en grande a las librerías, saliendo de su injusto anonimato y olvido.

Inmediatamente adquirí aquellas dos obras para recordar y reconocer el talento plasmado en sus páginas. De “Los Altísimos” no hay mucho más que decir, sino que es una de las grandes distopías que se han escrito (no solo en Chile) y que no tiene absolutamente nada que envidiarle a los hilos argumentales de Asimov o Huxley, ni a las descripciones científicas de Clarke o Niven. De “El valle de Luzbel” sólo me queda señalar que fue un buen reencuentro con Hugo Correa… a ambas ya he dedicado algunas líneas hace un tiempo.

Pero quedaba la duda, ¿serían acaso esos dos libros excepcionales?, ¿o serían sólo el principio? Mi duda era razonable, pues en Chile no son frecuentes las publicaciones fantásticas de tiempos pretéritos. Sin embargo, tenía la esperanza de que hubiese más: aquellas dos obras habían sido una invitación a conocer más de Hugo Correa, por lo que no podían ser únicamente una mera mirada nostálgica al pasado.

Con satisfacción y alegría mis esperanzas se concretaron este 2016. La misma editorial que ya había publicado a “Los Altísimos” y al “Valle de Luzbel”, ahora se atrevía con dos volúmenes más, aunque con títulos no muy atractivos para el lego: “Dos Novelas” y “Cuentos reunidos”. Sin embargo, lo importante era que Hugo Correa volvía a resurgir en gloria y majestad.

En “Dos Novelas” se encuentran justamente, dos novelas: “El que merodea en la lluvia” (1962) y “Los ojos del diablo” (1972). En “Cuentos Reunidos” aparecen las obras “Los títeres” (1969), “Cuando Pilato se opuso” (1971) y “Alguien mora en el viento” (1966). Daré a continuación una breve referencia a cada una de ellas.

“El que merodea en la lluvia” es una novela en la que se entremezclan el suspenso, el terror y la ciencia ficción. Trata de extraños fenómenos ocurridos en un típico sector rural de la zona central de Chile en donde un ser extraño (el Merodeador) aterroriza a sus pobladores en las noches lluviosas. Está contada de una forma muy ágil de manera que quien se sumerge en sus páginas está inevitablemente perdido en tratar de encontrar el desenlace a tantas intrigas y misterios planteados. Algunos, entre los cuales desde ahora me incluyo, piensan que esta obra necesita con desesperación una adaptación cinematográfica; el ritmo, la trama y el dinamismo de los personajes la hacen merecedora de una adaptación a su altura.

“Los ojos del diablo” tiene un ritmo narrativo más pausado que “El que merodea en la lluvia”, pues plantea una trama menos detectivesca y más reflexiva. En ella, un joven vuelve a la hacienda de su familia y se da cuenta (después de mucha incredulidad) que su estirpe está condenada, pues su vil padre hizo un pacto con el diablo hace muchos años. Es una obra que nos sumerge en la cultura, mitos y costumbres de los campos de la zona central de Chile, sin olvidar los matices fantásticos y oscuros. Una obra muy bien pensada en que nos sumergimos en los conflictos propios de los padres e hijos, mientras se nos van revelando más y más antecedentes para sacar nuestras propias conclusiones.

“Los títeres” es una obra maestra. Es un conjunto de cuatro cuentos (a modo de “fix up”) que giran en torno a un mundo en donde cada persona tiene un títere (como una especie de “robot” o “ciborg” en nuestro lenguaje más contemporáneo) el cual, operado a distancia por su dueño, desarrolla algunas o todas tareas del día a día de su amo: visitas a amigos o familiares, concurrir al trabajo, ir a hacer compras, etc.

Cada cuento nos relata las consecuencias de los usos de estos títeres: suplantaciones de identidad, planificación de asesinatos, mecanismos de beneficios carcelarios, entre otros. Todos ellos contienen tramas coherentes y reflexivas, siendo manifestaciones de la ciencia ficción más seria y profunda. En mi opinión, “Los Títeres” es el “Yo, Robot” chileno. Personalmente, los cuentos más destacables de esta colección son “El veraneante” y “El hombre prohibido”.

“Cuando Pilato se opuso”, al igual que “Los títeres”, es un conjunto de cuentos de ciencia ficción. En general, sus relatos nos sumergen en temáticas propias de la exploración espacial y el contacto con seres alienígenas. Los cuentos que componen esta colección se pueden encuadrar dentro de la “ciencia ficción blanda”, más reflexiva que científica, más psicológica que mecánica. Sus páginas recuerdan al estilo de Ray Bradbury en “Crónicas Marcianas” y, especialmente, “El hombre ilustrado”. De hecho, el mismo Correa dedica a Bradbury el cuento “La esfera lunar” de esta colección. En mi opinión, los cuentos más destacables de esta obra son “La teleportación es un deporte para mayores”, “Mecano” y “Cuando Pilato se opuso”.

Por último, “Alguien mora en el viento” es un cuento de una temática inverosímil, pero no por ello menos interesante. Trata de una exploración espacial a los interiores de un planeta gigante gaseoso, en donde ningún explorador vuelve; sin embargo, uno de ellos sobrevive y descubre que se encuentra en una gran superficie sólida que es arrastrada por las tormentas perpetuamente, mientras le hace compañía una misteriosa joven que le enseña a vivir entre las corrientes.

En fin, la pluma de Hugo Correa es tan versátil que no merece ser mirada con indiferencia. Ya salieron de su olvido todas estas obras, pero quedan más. Impresiona que las temáticas de estas obras sean tan actuales y contingentes, pensando que fueron escritas hace varias décadas; particularmente “Los títeres” y “Cuando Pilato se opuso” destacan en ese ámbito. En la técnica narrativa destaca de sobremanera “El que merodea en la lluvia”, cuyo estilo es más que envidiable en las plumas actuales.

Espero que sigan apareciendo obras de Hugo Correa, pues queda mucho que conocer y contar. Aunque, tal vez, más importante aún, sería la reedición de obras de otros grandes talentos del pasado para la lectura de las nuevas generaciones.

“Requiem para Tahinus”: Opinión de Jorge Alberto Collao


Jorge Alberto Collao, autor de ciencia ficción. Obras publicadas: “Aunque tal vez sólo seamos dioses de las hormigas” (P de E., 2014); “Podremos reírnos en el silencio del cosmos” (P. de E., 2016)

La Novela “Réquiem para Tahinus” de Fabián Cortez publicada en el 2015 tiene varias ventajas a su haber, y lo primero, es que cumple con todos los ingredientes que podrían esperarse en un texto para una lectura amena, ágil, sin demasiadas complicaciones, y con el suficiente manejo, como para mantener varios ases bajo la manga que va soltando poco a poco durante su par de centenar de páginas. Usando la linealidad argumental como un soporte robusto, logra orquestar un universo particular y propio, echando mano a los leit motiv propios más bien de la fantasía que de la ciencia ficción, aunque podría decirse que la ciencia esgrimida aquí tiene que ver más bien con las ciencias blandas que con los clichés propios de la misma fantasía o la ciencia ficción más convencional. Aun así, un lector desprejuiciado no va asentirse decepcionado en lo absoluto. Y esto es muy importante porque “Réquiem” está escrita para todo lector por lo que no se va a encontrar ni truculencias ni ese barroquismo a que nos tienen acostumbrados ciertas tendencias, pero, así y todo, es un texto ideal para lectores desde muy jóvenes –para leer y discutir con sus padres, amigos, o profesores, ya que es un texto muy visual y, sin embargo, con descripciones muy medidas que no agotan.  Sus personajes son entrañables y muy queribles que, a pesar de lo fantásticos, revelan conflictos permanentes en la historia humana dando su particular versión como una especie de metáfora que, si bien tienen un trasfondo moral, superan acertadamente toda apología doctrinal. Su visualidad –incluso cercana a la narrativa gráfica- crea sin embargo una luminosidad que va más allá del conflicto presentado, el cual logra elevarse por sobre el riesgo de caer en una imaginería oscura, dark, o distópica, si se quiere. “Réquiem” es un texto redondo, donde los puntos de fuga no llegan a entorpecer la continuidad del relato y que podrían interesarle quizá, solo a lectores más avezados. Desde esta perspectiva, es interesante que si bien, los personajes no llegan a deslumbrar o a estremecer como en obras más o menos recientes del genero a nivel mundial, si logran la consistencia suficiente para coreografiar el relato muy eficientemente. Tampoco tenemos aquí una especie de falsa pretensión, donde la exploración sicológica nos arrebate del tono general de la obra, sino que están construidos precisamente, para que tal tono se mantenga. Hubiese sido decepcionante tal vez, que los personajes terminaran fagocitando el contexto general del relato. Por lo tanto, no es una queja, sino más bien, están manejados criteriosamente. Otro de los contextos interesantes que se descubre bien avanzada la lectura, es la perspectiva “historiográfica” que relaciona la existencia de las cinco razas o existencia principales, lo mismo que la fauna recreada. Quizás aquí –al menos para mí- las citas que conectan los sucesos con paralelismos de la historia humana pre-moderna, podrían constituir un punto de fuga que tensa en algo la lectura, porque no sabemos si es una preferencia o dominio del autor, o más bien una manera de “prestidigitar” en el subconsciente imaginario del lector esa carga mitológica, pero, aun así, no llega ni al punto de ser gravitante, ni peligroso en el desarrollo de los acontecimientos. Debo decir que no es el género ni tiene la densidad que me gusta encontrar en mis lecturas, pero tiene un sabroso fiato –con dramatismo y humor mediante- que te permiten cortar y retomar la lectura sin demasiadas dificultades, ya que su estructura inteligentemente diseñada, lo permite en forma eficaz. En este caso, todo el relato está supeditado a la idea central que se alinea estratégicamente al desenlace, esto es el mayor valor de la obra, pero también puede leerse como su punto más débil. En general, nos falta a todos –entre los cuales me incluyo- aventurarnos a cuestiones más conflictivas, más desgarradoras respecto de nuestra historia global actual, pero eso ya es más una opción discrecional del autor.

Cualquier fragmento al azar;

“Despuntaba el alba cuando Nekut asomó al exterior del refugio. Los primeros rayos del sol se filtraron con timidez, venciendo la densa formación de nubes. Aunque no lograba entibiar la atmosfera. El aire se percibía más limpio, pero húmedo”

Que, aunque se mantiene y no se desequilibra en todo el relato, se mantiene bastante neutral con la precisión de una descripción periodística –de hecho, así está concebido- pero se echa de menos al menos cierto lirismo que podría ser un aporte a la voz propia del autor. Puedo estar cometiendo algún pecadillo ya que con el mea culpa de no haber leído su primera obra (“Los Peregrinos” 2012), no puedo estar muy seguro de ello. Así y todo, esperemos que la pronta entrega de su tercera novela (“Portal de los Dioses”), nos sorprenda gratamente.

Jorge Alberto Collao

La Serena – 18 de febrero de 2017.